Enfocado en la Soledad
En el oscuro bosque bajo la montaña de la humanidad, yace un pequeño ser acorralado entre unas raíces de un árbol gigantesco, tiene la piel dura como una piedra del magullo habitual, sus ojos son como 2 fantasmas que vagan en el fondo de un cementerio ya desierto, viste un poco de ropas rasgadas por las espinas de los faiques, ya casi no hay vida en su interior, la luz se va apagando poco a poco como cuando dejas olvidado el cigarrillo en el cenicero.
En su mente ya no hay cabida para nada más que la angustia, hay razones que lo mantienen preso en medio de las cepas, nunca nadie se detuvo a entenderlo, nadie quiso ver más allá. Las sombras de la melancolía se ciernen sobre él, recordándole constantemente los caminos que no debió tomar. Cada vez que intenta moverse, las raíces parecen apretarlo con más fuerza, como si quisieran retenerlo en este lugar de sufrimiento eterno. La luz que alguna vez brilló en sus ojos se ha extinguido, reemplazada por un vacío que parece no tener fin.
Mientras yace allí, débil y agonizante, se pregunta si alguna vez encontrará la redención. ¿Habrá alguien que pueda liberarlo de esta prisión de desconfianza y desesperación? O acaso está condenado a permanecer en este bosque sombrío, consumido por las heridas que lo atormentan sin piedad.
Ya nunca volverá a entrar en el olimpo de los amantes, porque siempre que ha intentado su inclusión siempre termina cada vez más aprisionado en el núcleo de aquella acacia, ¡siempre solo! gritó con ferocidad desde lo más profundo de aquel túnel, enfocado en la soledad para así nunca ser dañado, ni dañar a nadie nunca más.
Con tinta en papel y luego de los días llenos de trabajo para Memorias del Corazón.

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