Memorándum de un muerto y el impostor

    Oye espera un poco, por qué no me dices la verdad?, solo quiero saberlo todo, que no quede ninguna duda y te prometo que caeré cual abeja en miel, seré tu Rey y tú mi Princesa, seré la semana y tú los días que pasaré amándote, queriéndote, necesitándote, cuidándote, adorándote, penetrándote, oye sólo dime toda la bendita verdad y envíame por esos túneles que ya me haz enviado anteriormente, te juro que ya conozco esos caminos como nadie, yo sabré salir sin ayuda de nadie, pero ni todo el licor, ni todo el dolor, me salvará si deseáses mentirme, por favor no te vayas antes de verme susceptible a tus encantos, regalarte chocolates, cocinarte a parte, y maleducarte como el consentidor natural que soy.

    El impostor me mira a la cara, me pregunta quién soy yo, le digo que no moleste no estoy de humor, se me queda viendo desde lejos muy pesaroso como si yo le debiera algo, te veo entrar presurosa por la puerta principal, tienes agarrado el vestido blanco con tu mano derecha por debajo de tu cintura y en la cabeza tienes una larga cabellera colorida y simpática, todo el salón queda deslumbrado por tu magnífica entrada, las señoras de la fila de adelante murmuran entre ellas como casi sin vergüenza y se siente un especie de aire a terror, siento las manos muy frías y un poco de ganas de hacer pipí, se me recontra que secó la garganta y  de pronto mi rostro se sintió muy incómodo como si no supiera que cara hacer.

-Te lo advertí!-grita el impostor, p&%$ madre no puedes llegar nunca a tiempo!-se escuchó como a lo lejos pero muy claramente.

Veo como tu rostro se decae enseguida y empiezas como a deambular por el salón mientras llegas a él.

    Son como dos almas gemelas, nacidas uno para el otro, sus corazones están enlazados por una fuerza muy fuerte, algo que quizá sea un poquito intenso para ser olvidado tan fácilmente, así que están condenados a necesitar uno del otro para todo en la vida incluso para mantenerse en esta mismo.

    La corbata que traigo con el traje negro me aprieta demasiado en el cuello, mis zapatos de cuero se sienten algo raspones, y mi cadena de diamantes pareciera algo más que juguetería de mercadeo, no sé que debería hacer, mi cabeza me tienta a ser mejor pensador antes de decidir algo tan desastroso, así que aprovecho para verte de lejos, como si sólo por verte tu te fueras a voltear a verme, te soltarías el vestido para que caiga en el piso algo mojado y corrieras con el corazón a mil por hora, pero al mismo tiempo como si fueras a cámara lenta, tus ojos y los míos conectarían al instante como un gancho tan potente que ni las grandes máquinas de hoy podrían comprender el tamaño del torque posible.

    Te veo abrazar al impostor y siento que no voy a poder seguir 1 segundo más en ese salón, me despido de todos rápidamente, apretón de mano y besito de despedida por acá, ya me estoy imaginando en mi casa sacándome este fastidioso trajetón de mala calidad y luego bajando tu vestido y desabrochando tu brasier, sincerarme ante los soles envidiosos y sucumbir ante la tentación.

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Querido lector inconsciente;

De mis consideraciones,

    En atención al Memorándum Nro 0001, me permito informarle que el escritor ha muerto, o al menos eso dicen los Médicos, está conectado a una máquina que mantiene su corazón y pulmones funcionando, sin embargo el pronóstico es muy malo, en la mesita junto a su cama reposan flores y cartas con buenos deseos y a lo lejos en la sala de espera se escuchan los sollozos decaídos y mortuorios.

Es motivo, delegar el siguiente enjambre de pensamientos al próximo redactor del poemario.

Por lo tanto, envío mis extensos saludos atentos y cordiales, sea bienvenida.

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    El muerto viviente me sigue si acaso le he hecho algo malo yo, como fastidiándome de vez en cuando, o cuando no me acuerdo, me tiene como encerrado en un remolino de ideas, sabe que siempre mi mente me traiciona y por ahí es donde siempre me ataca.

    De pronto me doy cuenta que ya no estoy en aquel salón, ahora estoy en una cama con muchas gentes a mi alrededor, escucho que dicen que no hay nada que hacer, reconozco la voz de mi Madre llorando como una Magdalena y el sonido grave de Papá consolando a los demás. Podrían esperar un momento por favor? Mi mente aún sigue sumergida en el pensamiento y creo que necesitaré más tiempo si quiero despertar. 

El Padre entra en la habitación con sus inciensos y el libro negro, se siente una especie de calor agobiante, es el regocijo de los que quedan vivos, el anhelo de que yo no muera ahí si no que trascienda a un plano espiritual, sin embargo yo sé que no habrá nada luego de esto, tan solo encontraré oscuridad, ya no más dolor, ya no más amor, simplemente al fín expirar.

Para Memorias del Corazón 

CT

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