El señor del reciclaje y sus hijos.

Estaba una tarde del viernes cenando con mi familia, en este caso se encontraban en casa mi padre, mi madre, mi hermano y yo, acostumbramos a comunicarnos entre nosotros al momento de comer porque es el único momento del día en el que nos encontramos juntos y desocupados. Así que las comidas son también una asamblea para nosotros, que a mi hermano le ha pasado tal en la escuela y a mi Madre eso en el trabajo, así cada quién se queja o cuenta sus argumentos. De la nada mi padre toma la palabra y pregunta a mi hermano y a mí, si el día de mañana sábado podríamos ayudarle a tumbar una media agua que tenemos en un solar desde hace muchos años, a lo cuál los dos confirmamos nuestra asistencia. Entonces esa misma noche preparamos todo para estar listos al siguiente día, las botas, que la gorrita pal sol, el agüita, el machete, los combos, en fín pensamos en todo lo necesario.
Llegó el sábado y nos levantamos a las 6:30 am, bajamos a desayunar y mi viejita ya tenía todo el desayuno listo para los 3, así que luego de comer nos subimos a la camioneta y emprendimos rumbo hacia el terreno. 

Al llegar nos dividimos el trabajo y cada quién cogió su trabajo y se puso manos a la obra, mi trabajo era sacar todo el techo de lámina, para poder separar los que nos servían y guardar las que aún estuvieran sanas, así que me subí y manos a la obra. Mi papá y mi hermano estaban sacando una cerca que rodeaba la casa, así que poca atención nos tuvimos entre nosotros. Al pasar el medio día, luego de comer el almuerzo que mi madre mandó con mi hermana, escuchamos alguien que gritaba:

-Jefeeee! Jefeee! ¿Está por ahí el patrón?
Yo desde el techo grité:

-¿Qué deseaaa?

Al observar bien, noté que era un señor ya mayorsito de edad, con la ropita toda sucia acompañado de 3 niños igualmente todos sucios y quemaditos en el sol, con un triciclo de por medio que precedía tener muchos años en labor.

-Quería ver si me podían regalar la basurita que vayan a botar porque yo reciclo-dijo el señor-un poco miedoso de mi respuesta.

-Hable con mi padre-le dije-porque mi padre es de las personas que guarda hasta un clavo torcido por si se lo llega a necesitar algún día.

Pero mi padre rápidamente aceptó la petición del señor y empezamos a darle la chatarra que encontrábamos de la aún demolición en proceso.

Los niños saltaban y doblaban las hojas de los techos, recogían los alambres oxidados y acomodaban todo en su pequeño triciclo. 

Cuando nos dimos cuenta ya se habían ido, y pensé:
-Bueno, espero que les sirva

Seguimos en nuestro trabajo, y luego de una hora y media aproximadamente, los escuchamos llegar.
-Jefeee! Jefeeee! ¿Dónde anda?- llamaba uno de los niños a mi padre.
-Aquiiiiifff- contestó mi padre de entre la maleza.
-Le trajimos una colita para que se sirva dios le pague-le dijo el niño a mi padre.

Y le entregó la colita, mi padre atónico dijo:
-Pero vengan todos de una vez para colear iguales e invitó al señor y sus 3 hijos.

Los niños alegremente tomaron la colita y nosotros también aunque seguíamos un poco sorprendidos por la actitud de aquellos.

Por último se llevaron lo que faltaba de chatarra, y mientras empujaban el triciclo, el menor de los hijos se subió y gritaba alegremente mientras los demás se reían a carcajadas:

-Al cocaaaaaa! al sachaaaaa! al cocaaaa! suba subaaaa!

Y nosotros también viendo aquella escena nos reíamos por tal chiste del menor.
Y mientras veíamos la épica escena, mi hermano preguntó:

-¿Pa, ellos compraron la cola?

Mi papá dijo:
-Sí mijito, los que menos tienen, dan más.

Ahí me quedé contemplando como se iban los 4 seres más felices del mundo empujando un triciclo con chatarra, todos sucios, todos sudados y quizá cansados por el trabajo.

Traté de minimizar mis problemas, pero luego pensé ¡no!, esa no sería la moraleja real de todo esto.
Si no que a pesar de todo lo malo que tengamos independientemente en nuestras vidas, siempre hay que ver el lado positivo y ser agradecidos por lo que se tiene, quizá ellos ganaron unos 15 dólares con toda la chatarra que les dimos, pero gastaron 3 de aquellos para brindarnos una colita como agradecimiento, siendo que ellos son 4 y en una condición económica baja. Pero aún así no dudaron en agradecer, y en ser felices, quizá era el día que más ganaron por eso estaban felices, quizá esos niños nunca vayan a una escuela pero iban empujando el triciclo felices, aprendiendo a trabajar con su padre aún en la pobreza. Así que siempre debemos ver el lado positivo en nuestras vidas, y no encerrarnos en una burbuja de "todo me sale mal" "y si quizá hubiése.." "a ellos les va mejor" "No sé que haré con mi vida". Nunca es tarde para empezar, y nunca es tarde para ser felices, ni nunca es mal momento para ser agradecidos por lo que tenemos. Empecemos a ser protagonistas de nuestra felicidad. Al carajo todos los problemas, y si tienes uno ¡enfréntalo! y luego compra una colita y agradece a la vida por darte la oportunidad de cazar sus placeres.
-Una memoria del Corazón.
CT

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