EL ANTIMONIO

“Si llevas un machete en la mano, no te desmayas”, me decía papá (el de mi mamá). El hierro del machete te da valor y corta la mala presencia; así el antimonio no te derriba ni te roba el ánimo. Por eso, quien anda de noche o por el monte, siempre debe llevar una buena hoja afilada por si se encuentra con un demonio, el miedo no lo venza.

I PARTE

La noche caía despacio sobre mis marchitos hombros, sosiego en mi mente luego de un laborioso día labrando la tierra, me he decidido a terminar la última línea ya con la poca luz que el universo me otorgaba, los dos inmensos toros me miraban por debajo de los cuernos y las sogas, el respiro profundo de las bestias hacían bailar el anillo que tenían en la nariz, ese pequeño artefacto que ayuda mucho a controlar el coraje de los casi búfalos. Con una fuerza campesina hundía la punta del palo en el humus de aquella tierra negra y con una ramita que me encontré por ahí galopeaba a las bestias para que se motivaran a arrastrar ese arado artesanal. Nunca me gustó usar ese cabresto con el que normalmente se los aporreaba.

Ayúdenme un poco más! - les pedía con amor mientras frotaba sus lomos ásperos e infinitos.

Los tacos de mis botas de caucho ya me molestaban demasiado eran punzadas fuertes en el fin de la planta de los pies y un pequeño corte en la punta hacía que se filtrara humedad, empecé a sentir un sutil ardor en los brazos, producto del solazo que me pegó directo todo el día y yo como todo un varón jamás intenté siquiera cuidarme un poco más de la estrella radiante.

Ya terminando la jornada me dirigí con mis dos bestiales compañeros al río para que puedan tomar agüita y luego dejarlos amarrando en una estaca junto a la yerba más frondosa.

Buenas noches Don Tenecela! Ya se le hizo noche con el arado! - me gritaba un vecino de esos que caen muy bien a pesar de no guardar una relación cercana.

Luego de acercarme al camino justo donde se encontraba aquel, me convenció de irnos a pegar unas copitas con otras amistades que igual terminaban su jornada de laburo. Desde las 20:00 hasta casi las 23:30 bebimos como los vikingos en las embarcaciones, aquí solo hay destilado puro de caña y si hay suerte un poco de alguna agua de montes para mezclarlo. 

Me tengo que ir amigos, tengo que levantarme temprano a seguir en la lucha - dije ya sabiendo que nunca me ha gustado abusar de esos placeres, ni siquiera me gusta el simple hecho de alcoholizarme, y todos me miraban como decepcionados, como que soy incómodo por siempre irme antes de la media noche, es algo que me enseñaron en casa, a ser dentro de lo que cabe la palabra un poco decente y como bien se dice lo que bien se aprende nunca se olvida.

Me levanté enseguida y luego de esquivar un poco de juzgamientos de los borrachitos, me puse el sombrero, guardé el machete en la vaina que traía sujetada a mi correa y emprendí mi viaje en la oscura noche, mi suerte es que la luz de la luna alumbraba mi camino y podía ver todo claramente.

Mientras caminaba me acordaba de todos mis sueños y los incidentes que he tenido, de los sueños a medias y también de las agallas de aquella fémina que me ha destruido tanto a tal punto de querer vivir tranquilo como un campesino más.

El sendero era salvaje, de pronto se cruzaba algún que otro roedor que víbora y podía escuchar a los raposos aullar en la montaña. Hasta que llegué a ese tramo donde los árboles que se encontraban a los laterales del camino se unían en el cielo y creaban un túnel natural, poca luz lograba atravesar las ramas tejidas y los animales se refugiaban en esos matorrales. 

Antes de entrar sentía yo un asco repugnante, mucho sudor saliendo de mi cuerpo, un latido rápido y algo de miedo, una corazonada de esas que nunca me ha fallado. 

Pero qué se le va a hacer?! - me dije a mí mismo, de ley tengo que pasar por aquí para llegar a mi rancho, así que caminé con valentía e ingresé disimulando mis dudas.

Caminaba yo viendo hacia arriba preguntándome cómo se creo aquel tejido natural entre las copas de los árboles, y luego mirando hacia los lados por si a algún animal se le ocurría emboscarme.

Hasta que un olor profundo a azufre captó mi atención, de pronto el aire que respiraba se sentía muy denso, el sonido de la naturaleza desapareció, y el calor era cada vez más aplastante, como instinto rápidamente puse la mano en el mango de mi machete y en ese instante pude ver cómo al frente mío caía de entre las ramas un tremendo bulto que iba rompiendo todo a su paso y cuando llegó al suelo se hundió un poco.

Un fuerte gemido similar al de un toro resopló de aquella fantasía y poco a poco pude ver cómo se levantaba un humano muy fornido, en su cabecera tenía dos cuernos que se torcían hacia su espalda, no pude distinguir si tenía patas en lugar de piernas, pero tenía una piel muy gruesa como la de un cocodrilo, algo de fuego salía de sus ojos y manos, casi expiro tratando de entender lo que estaba viendo.

En ese instante sentí que me iba a desmayar así que velozmente desenvaine mi hoja afilada metálica y entre mi debilidad humana y mi fuerza descomunal, la bailé entre el suelo mientras gritaba - DIABLO CARAJO!! El hoja rechinaba al golpear algunas piedras del camino y mirando solo al torso de aquel demonio me alejaba maldiciéndolo, su sola presencia me ocasionaba dilatar mi mente y mis opciones eran pocas, pero no dejaré que el antimonio me venza, este espíritu burlón no hará más que acordarse de mí, un simple humano que con el hierro en mano lo enfrentó.

En Memorias del Corazón
BY CT

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