Pendiente de tí aunque no sabes de mí
Voy a las reuniones sociales con el objetivo íntimo de encontrarte y poder apreciar tu idiosincrasia, si te veo por la calle me volteo para no verte porque mis ojos no saben disimular y si les doy chance te peinan de arriba hasta abajo, los amigos me preguntan si alguien me gusta y la respuesta siempre es que no pero la verdad cada día me imagino una historia distinta contigo, una en la que somos pareja, otra en la que somos amigos y otra en conocidos, que me buscas para salir a tomar un café y las noches que te sientes sola y te cansas de aquel tipo que no te da el respeto que mereces, vienes a mi regazo, te acuestas y me cuentas tus penas, me dices gracias amigo por consolarme y yo me ahogo en mi impotencia de no poder expresarte mis sentimientos. Cuando llega la tarde busco a los amigos que invitan a las fiestas, pregunto por tí ya sin vergüenza, qué importa lo que piensen los panas y la gente que ni conozco, solo busco encontrarte ahí parada en medio de las juntas, quizá con otro muchacho eso no me importa mucho, pero poder analizarte un poquito más que ayer, tratar de observar tus errores porque en la burbuja que te tengo tú no tienes ninguno, y pensar porque me atraes tanto si a ciencia cierta ni te conozco bien, ni hemos compartido un momento impactante, ni haz demostrado interés hacia mí.
Suelo caer en la razón y me regaño sobre las razones de porque me gusta torturarme con mi cobardía y no poder decirte de frente. Hola! te invito un café ¿quieres? pero mis rodillas siempre tiemblan al verte, mis pensamientos se desordenan, y mi boca solo balbucea como cuando estás en una lección oral y no estudiaste, mis manos sudan cuál mares, mi corazón late a mil por mississippi y siento que me veo muy mal como para estar con alguien con las virtudes tan altas como tú. Que eres muy inteligente y quizá buscas un hombre que te genere estabilidad y que esté relativamente guapo en acorde a los diseños de nuestra sociedad, un man que tenga harto billete y te gaste los restaurantes caros, los tratamientos de belleza, te lleve en una camioneta a todo lado, que vista bien y caro, y que tenga tiempo para viajar de vacaciones o para estar mucho tiempo contigo. Pero este campestre solo tiene un corazón resistente, unas manos ásperas por el trabajo, y una moto chiquita que compró con ahorros del ardúo laburo, tiempo solo en las noches porque en el día estudio o trabajo, y dinero solo el que gano cuando camello duro hasta rasparme el hombro y sudar unos 3 litros/hora.
No tengo nada para ofrecerte pero nada te faltará de lo que importa, ni amor, ni besos, ni comida, ni dinero porque de los 10 pesos, 9 son tuyos (F.E). Pero siendo sinceros quizá nunca te hable por mi timidez y siempre pero siempre estaré pendiente de tí aunque no sepas de mí.
Escrito con tinta en papel
Memorias del Corazón
Carlos Tenecela

Comentarios
Publicar un comentario
Comenta